con tres maletasEl profesor de la Universidad de Sevilla David Lagunas acaba de publicar ‘Con tres maletas. Gitanos en América’, un libro de fotografías en co-autoría con Herminia Santiago, una mujer gitana, emprendedora y comerciante internacional, que ha recorrido el continente americano desde los años 60. Nacida en Brasil, y actualmente residente en Sevilla, Herminia muestra a través de las fotografías de su álbum familiar una trayectoria ejemplar, rica en detalles, experiencias, saberes y vivencias recorriendo toda América. Nos enseña las complejidades de un estilo de vida propio de los Gitanos americanos, un grupo particular de Gitanos de origen español que han elegido América como su espacio vital: un estilo nómada, móvil, itinerante y cosmopolita que refleja la cultura transnacional de los Gitanos americanos.

Este trabajo de recuperación de las imágenes visuGiales ha empleado documentos de un gran valor social, antropológico y humano. De las fotografías aportadas por Herminia sobresalen dos aspectos; el primero, las fotografías expresan el orgullo de ser Gitanos, lo cual se simboliza con un aire y postura aristocrática ante la cámara de sus antepasados: los gestos, la forma de caminar, los pantalones holgados, la corbata, la americana, el corte de pelo, en los hombres; la combinación de ropa, las faldas elegantes o la estética internacional, en las mujeres. “Esta estética aristocrática, la vanidad y el orgullo, el darse a conocer y ser visto, es una característica común en otras comunidades romaníes como los Gabori de Transilvania”, explica el profesor del Departamento de Antropología Social y del Instituto de Estudios sobre América Latina de la Universidad de Sevilla (IEAL), David Lagunas.

El segundo aspecto tiene que ver con el tiempo. A través de las imágenes también se alude al tiempo lineal, a la edad y a lo que se pierde, a los ancestros y familiares que ya no están y que al recordarlos generan emoción, tristeza, afecto y nostalgia. Es el tiempo irreversible o esa experiencia a la que, vulgarmente, llamamos “el paso del tiempo” y que se simboliza en el envejecimiento y la edad. Pero en cada una de las fotografías hay un acercamiento a la atemporalidad, al instante paradójico que cobra vida cuando se mira y se recuerda una fotografía. Como cuando los domingos su madre las tías de Herminia sacaban estas fotografías de la caja de zapatos donde se guardaban y recordaban a sus hijos y sus nietos a sus ancestros, y les contaban historias de ellos. El recordar a los que ya no están es ese instante que fluye y huye al mismo tiempo. Señala David Lagunas que los antropólogos suelen decir que es bueno “hablar de” los muertos y “hablar con” los muertos. Al recordarlos se hacen presentes y se convierten en vivos. Y tal vez esta idea nos revela un secreto aún mayor: cómo el pasado que se evoca y el presente más natural, en realidad, no están separados.

La obra es una contribución para la comprensión de una forma de vida ignorada, la de los Gitanos y Romaníes en América. Y sobre todo apunta a una idea fundamental: existe una “Europa gitana” y una “América gitana” que deben ser integradas urgentemente a la Gran Historia de ambos continentes.